Con la llegada del verano y las altas temperaturas nos exponemos mucho más al sol. No sólo cuando disfrutamos de alguna pileta o nos vamos de vacaciones a la playa, sino por el simple hecho de utilizar prendas que dejan al descubierto partes de nuestro cuerpo que antes no lo estaban.

El sol tiene efectos beneficiosos y perjudiciales. Entre los aspectos positivos se encuentra la síntesis de vitamina D, que necesita nuestro cuerpo para fortalecer los huesos, mientras que los negativos están dados por las lesiones que puede producir en nuestra piel y las complicaciones a futuro, como la aparición de carcinomas o melanomas.

Por eso, la Dra. Jorgelina Lacassagne, dermatóloga y auditora de Dosuba, asegura que “el sol en su justa medida, como todas las cosas, es bueno”.

En ese sentido, la especialista asegura que hay cuatro aspectos a tener en cuenta para lograr un buen equilibrio que permita cuidar nuestra piel.

“Debemos tener en cuenta los horarios de exposición, hidratarnos adecuadamente, usar ropas claras, sombreros y gafas, y aplicarnos el protector solar indicado para nuestro tipo de piel”, resume y añade que en líneas generales “se deben atender estas cuatro recomendaciones, porque las quemaduras graves en personas con predisposición pueden producir cáncer de piel en el futuro”.

-Horarios recomendados: Se aconseja evitar la franja horaria que va entre las 11 y las 16. “Uno tiene que generar una sombra mayor a la altura de nuestro cuerpo. Eso nos da la pauta de que estamos en un momento del día que podemos llamar permitido”, señala Lacassagne.

-Utilizar el protector solar indicado: El protector solar nos cubre de los rayos ultravioletas. Nos protege del eritema, que es la lesión que se produce en la piel. Se lo indica de acuerdo al tipo de piel. Aquellas personas de pieles muy blancas tienen más chances de sufrir cáncer de piel por el daño producido por el sol. En esos casos, las protecciones deben ser las más altas y se recomienda utilizar factor 40 y 50.
“Siempre es importante realizar una visita al médico dermatólogo antes y después del verano. Primero para ajustar el protector solar y luego para controlar los lunares”, sostiene Lacassagne quien también es especialista en clínica médica.
El protector solar debe renovarse cada dos horas y es aconsejable repasar su aplicación luego de darse un baño, aunque se trate de los “resistentes al agua”.  “El objetivo es que se genere el hábito. No alcanza con aplicarlo una sola vez al día, la protección no es eterna. No hay que confiarse”, recomienda Lacassagne.

-Vestimenta: se sugiere el uso de ropas claras y de algodón. También el uso de anteojos de sol adecuados y sombreros de ala ancha.

-Hidratación: Tomar mucho líquido, preferentemente agua, es muy importante. También resulta útil aplicarse cremas hidratantes después de bañarse, luego de una jornada de playa o pileta.  

Para finalizar, Lacassagne afirma que “aquellas personas con antecedentes familiares de melanoma deben extremar estas medidas”, y dedica un párrafo especial para el control de los lunares. “Si aumentan de tamaño, tienen colores o tonalidades diferentes, forma irregular, se lastiman o pican se debe consultar al dermatólogo y hacer un seguimiento dos veces por año”, concluye.

Asesoró: Jorgelina Lacassagne, médica dermatóloga, especialista en clínica médica y auditora de Dosuba.