La irrupción de las nuevas tecnologías de la información en el mundo tiene un impacto determinante en la vida de las persona. En ese marco, el mercado laboral y sus prácticas es uno de los ámbitos donde más claramente se observa su influencia.

Una investigación realizada sobre el crecimiento de la modalidad de teletrabajo en el mundo da cuenta de parte de esta realidad. El trabajo, realizado en conjunto por la Organización Internacional del Trabajo y Eurofound, llamado “Trabajar a toda hora, en cualquier lugar: Efectos sobre el mundo del trabajo” concluye que se trata de un “fenómeno al alza” que tiene aspectos positivos, ya que fomenta un mayor equilibrio entre la vida personal y la laboral, y negativos, porque se comprobó que los casos de estrés y de trastornos de sueño aumentan entre quienes trabajan “a distancia”.

El estudio recoge una investigación efectuada en 15 países, incluyendo diez de la Unión Europea (UE): Alemania, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Holanda, Suecia y el Reino Unido, así como en Argentina, Brasil, EEUU, India y Japón.

El porcentaje de empleados que ejercen el teletrabajo y el trabajo móvil varía desde un 20 % de media en EEUU, un 19 % en la India en la economía formal y un 16 % en Japón, a solo un 2 % en Argentina.

En Europa, un 17 % de los empleados efectúan esta modalidad laboral, práctica más común en los países escandinavos, seguido a una considerable distancia por Bélgica, Francia, Holanda y el Reino Unido.

Más flexibilidad  en la organización de las tareas, mayor autonomía y productividad, menos pérdidas de tiempo en traslados y un mejor equilibrio entre la vida privada y la laboral, son los aspectos positivos que rescata el informe, aunque reconoce que hay una tendencia a trabajar más horas, se producen interferencias entre la labor remunerada y la vida privada, aislamiento y una intensificación del trabajo

Además, entre las malas, el estudio confirma que los porcentajes de estrés y de trastornos del sueño que padecen aquellos que están permanentemente conectados, son el doble que los que trabajan en las oficinas de las empresas.

Entre las conclusiones de la investigación recomiendan limitar a dos o tres días semanales las jornadas que los empleador pueden pasar fuera de la oficina, y sostienen que el “derecho a desconectar” podría también ofrecer una solución.

 

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